Es curioso, a la vez que triste, como todo lo que nos rodea parece invisible a nuestros ojos, hasta que su perdida acecha y de repente, lo valoramos.
Objetos, situaciones, amistades, amor. Lo tenemos todo, excepto ojos capaces de ver lo afortunados que somos. Vivimos queriendo más, queriendo alguien a quien abrazar, algo que tener, alguien que nos quiera.
Y cuando ya tenemos ese algo, a esa persona entre nuestros brazos, sabiendo que nos quiere, no sabemos valorarlo. Ya que queremos más. Vivimos deseando, nunca estamos satisfechos.
Y eso es lo que hace que nuestra felicidad sea inalcanzable.
Somos estúpidas personas incapaces de disfrutar del presente.

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