martes, 26 de junio de 2012

Traidores de nuestros pensamientos.


-¡Marta! ¡Qué alegría verte!- bajo tierra. Tenía que elegir la caja del supermercado en la cual está la tipeja esta. Sonríe, Elena, sonríe.
-Elena, qué casualidad- no me digas que tenía que pasarme esto a mi. Hoy que parecía un buen día, y me encuentro con la más falsa de todas, contigo.
-Qué guapa estás, mujer. ¿Qué tal tu marido?-me han dicho que está en paro. A ver si con suerte sueltas alguna lágrima. Estás más gorda y más calva. Bicho.
-Oh, exageras. Tú si que te cuidas bien, mujer. Me tienes que decir tu secreto- te echas ácido por la cara. Lo sé. 
-Bueno, parece que ya es mi turno, a ver si nos vemos otro día- uff, por fin. No aguanto más hablando con una falsa como tú.
-Eso, a ver si quedamos un día para tomar café, y te lo echo por encima, zorra-oh, mierda.

La chica del carrito.

Estoy mareado. Después de este viaje agotador lo único que deseo es llegar a mi casa y volver a mi vieja rutina. Echo de menos mi vieja rutina. Curioso ¿eh? quién lo iba a imaginar.
 Le doy un empujón a dos puertas que dan lugar a un recibidor maloliente pero bastante particular. En el mostrador un adolescente granudo y delgaducho bosteza sobre su mano. Se incorpora con una sonrisa bastante forzada y me mira. Podría jurar que me llego a asustar un poco por aquella penetrante mirada que me da a entender que no es de muchos amigos.
-¿Habitación?- al hablar me chirrían los oídos. Como si fuese un cuchillo frotándose una y otra vez con un plato. Me llevo las manos a la cabeza, me duele muchísimo. Resaca.
Hacía tiempo que no la tenía, bueno, en verdad, creía que me había acostumbrado a ella. Nunca la he dejado de tener-¿Habitación?- dice con bordura y en un tono más alto.
-Tranquilo ¿eh? ni que tuvieras prisa. Dudo que pasen muchos clientes por aquí ¿me equivoco?
Su mirada me dio a entender que no estaba para vacilaciones.
-¿Habitación?-dijo casi gritando pero manteniendo la paciencia por no pegarme una hostia. Estoy seguro de que si no estuviese dentro de su horario laboral me la daba.
Le sonreí burlonamente.
-No tengo habitación, todavía.
-De acuerdo, tenemos la A-12 libre. ¿Cuánto tiempo?
-Una semana.
Escribe en el ordenador y me pasa la factura en una bandejita, rollo bar. Qué gracioso.
Me meto las manos en los bolsillos y le suelto en aquel plato algunos billetes y monedas sueltas.
-Quédate con el cambio- le suelto, aún sin saber si habrá suficiente con lo que le he dado.
Me dirijo hacia el ascensor y oigo claramente como el chaval susurra "gilipollas".
Sonrío. Me encanta esta sensación.
Subo por el ascensor, huele a detergente. A mi derecha hay un carrito de limpieza al lado de una mujer bastante gorda que me sonríe. Tiene un pintalabios rojo fuerte. Se lame los labios y me manda una mirada que intenta ser "seductora". Su pelo, teñido de un rubio horroroso, parece sacado de un trozo de estropajo del mismo carrito de limpieza. Intento no mostrar a través de mi cara las ganas de vomitar y decido jugar con ella. A lo que le suelto:
-¿No hace calor aquí?- Le sonrío. Me empiezo a subir la camiseta y como planeaba, justo suena el timbre anunciándome la llegada a mi planta. Me vuelvo a cubrir rápidamente y miro de reojo a la señora. Que con una babeante mirada intenta no caerse al suelo. Me encanta jugar con las personas.  ¿Qué? ¿Acaso no lo hace todo el mundo? La gente juega con nosotros sin que nos demos cuenta para sacar algo de nosotros. Al menos yo me divierto haciéndolo, es mi único interés. Podrías pensar que soy una persona asquerosamente bastarda, y no te lo voy a negar, pero he aprendido bastante de este mundo para tratarle bien.
 Abro la puerta de mi habitación con una tarjetita. No está mal, podría tener moqueta. No soporto las moquetas. Sobretodo las de hoteles de los cuales la persona con más dinero que se aposenta allí es un apostador de cualquier casino. Baratas, malolientes. Pero no, esta habitación tiene un suelo de madera bastante humilde.
Huele a cerrado, así que abro un poco la ventana de la cuál sale una débil luz. Me apoyo en el alféizar y me llevo las manos a la cabeza. Otra vez ese dolor. Esta vez quien lo produce son los ladridos de un perro. El cuál intenta desesperadamente soltarse de una cadena que le ata a ese patio interior del hotel. A penas le llego a ver, ya que el recinto es bastante pequeño, y está lleno de ropa tendida.
Bostezo y llaman a la puerta.
-No hay nadie-digo con bordura.
- ¿Se puede?-una voz muy dulce sale de la puerta.
-He dicho que no hay nadie.
Me giro, y veo a una chica con un delantal al lado de un carrito de limpieza.
No es aquella asistenta vieja y gorda. Su pelo, con unos tirabuzones cobrizos y sueltos, cubren unos ojos verdes, similares a dos esmeraldas. Sus labios agrietados parecen asustados.
-Me han mandado preparar esta habitación, señor...yo tengo que...-dice casi en un susurro.
-Pasa.

domingo, 17 de junio de 2012

Buenos días.

Me llevo las manos a la boca y muerdo mis nudillos. Mientras tanto, un poco más arriba mis ojos inevitablemente se cierran y tres dulces lágrimas acarician la mejilla hasta llegar a mi boca. Donde con un sabor salado las noto y las separo de mi con la manga de una desgastada chaqueta. Es una chaqueta vaquera, no tiene un gran valor económico ni sentimental. Pero si guarda una nostalgia en su olor que me hace recordar que soy capaz de sonreír.
 Una vez libre de lágrimas arrastro mis calcetines por el pasillo limpiando la mugre capa de polvo que viste el suelo.
Empujo la puerta sin pensarlo y me apoyo cual zombie al lavabo. Me miro en un espejo sucio y me asusto.
Mis ojos parecen unas cataratas de ojeras y lágrimas.
Mi boca está seca por el frío, a la vez que agrietada. En mis mejillas delgadas y pálidas se puede leer perfectamente la necesidad de calor. Y mi pelo alborotado da a ver mi desganas por la opinión de la sociedad ante mi aspecto.
Me cubro mis piernas con unos vaqueros desgastados, mientras bebo un café asqueroso que me mantendrá despierta un par de horas.
Empujo la puerta y me tropiezo con la acera. El sol es abrasador y me obliga a sudar. Respiro profundamente tragándome todo el humo que emiten los coches entre pitidos y aceleraciones.
Miro mi reloj. Suspiro.
Buenos días, mundo.



sábado, 16 de junio de 2012

Robasonrisas #3

"Cumpliendo sueños desde 1984"




"¡Buuuuh, fuera!" "¡¿Llevas semanas sin sacar un robasonrisas y vuelves así por las buenas?!"
Sí, lo sé. Y no pienso poner ninguna excusa por ello, las propias fechas que marca el calendario estos días los dicen bien clarito. Exámenes.
Bueno, en este robasonrisas os presentaré a Jpelirrojo. Videoblogger, escritor, músico, robasonrisas, actor, poeta, pelirrojo. ¿Algo más?
Trabaja en el mundo de Youtube, en el se siente libre de ser quien es. Te apoya siempre a ser quien eres, a no parar de luchar y a seguir tus sueños por muy rápidos que parezcan. Te hace creer en ti con cada vídeo, con cada canción, con cada palabra que dice dándote ánimo. Es una fantástica persona, y un buen músico.


Ha sacado numerosos discos, entre ellos destaca su último disco llamado "Rutilismo" en el que participa su hermano Curricé. 
Entre las doce canciones que compone el disco, quiero destacar dos:
-El sabor de no quererte. http://www.youtube.com/watch?v=R8yB_ASsky4




miércoles, 13 de junio de 2012

Un día. Y otro. Y otro más.


   Un día y otro más
   encerrada en la rutina,
   esperando poder romperla
   pero temiendo cambiar de vida.
   ¿Los problemas?
   propios siempre,
   poco importan los demas
   que me ayuden a mi primero
   otros ya se las arreglaran
   no sabemos lo que queremos
   no nos conformamos nunca,
   todo lo deseamos
   y a la par
   despreciamos la ajena fortuna
   y así la hipocresía nos llena
   sin fijarnos siquiera en ella,
   o tal vez si lo hagamos
   mas mirar a otro lado es nuestro lema.

-Un poema escrito por un Anónimo de una página web.