martes, 21 de mayo de 2013

Qué importa.


Miraban sus pies al andar.

-Hoy le veo. A él, y a su sonrisa, ¿Sabes Laura?
-Es la sexta vez que me lo dices desde que salimos de casa, claro que lo se.
-Pero esta vez será diferente, ¿Sabes? Hoy podría traer esa sudadera morada ¡Y esos pantalones azules!

La gente entre empujones miraba a su dueño cada cinco segundos. Un
pequeño reloj de pulsera. Sin embargo, allá por donde ellas andaban,
parecía que el tiempo se había parado. Sus mentes vivían en otro lugar, ajenas
a aquella ciudad, de aquel autobús de la línea seis, ajenas a ese perro que perseguía a un gato por un callejón, ajenas al ruido, a las sirenas, ajenas al tiempo. Tan solo hablaban, mirando sus pies al andar.

-¿Y por qué ha de ser esta vez diferente? La semana pasada se puso esa sudadera morada ¿No es así? – Laura entrecerraba los ojos al hablar, sonreía sin mostrar sus dientes y se acariciaba su pelo al escuchar a Eva.
-¡Pero olerá a él! Y quizás a suavizante. Oh…quizás haya comido pasta. –Ni si quiera escuchaba a Laura.
-¿Qué más dará lo que haya comido? Quiero decir, ¿Influirá eso en la relación que mantienes con él? El hecho de que haya comido pasta o no, ¿De verdad te importa? A ver, no quiero ser borde, pero,  creo que estoy en lo cierto cuando te digo que…- Eva soltó una carcajada - ¿De qué te ríes?
-Estás chiflada.
- ¿Quién? ¿Yo?
-¡Claro! ¿Cómo se te ocurre decir semejante estupidez? Por supuesto que importa. Es importantísimo.¡Imagínate que hubiese comido ensalada! 
-¡Pues no hubiese cambiado nada!
-No me comprendes.
-No, es obvio que no lo hago.

Eva la agarró de la mano, obligándola a frenar. 

-Mira a tu alrededor. ¿De acuerdo? La gente se preocupa por estupideces. ¿Ves aquel viejo? Seguramente lleva discutiendo toda la mañana acerca de fútbol. ¿Y ves aquel chaval joven de allí? Está desesperado por vender la gilipollez que lleve en ese maletín. Todos con prisas ¿Para qué? Ya van tarde para vivir. Todos preocupados, y no se preocupan por lo importante. -Hablaba en un tono que hacía girar las cabezas de alrededor - Puede que mis preocupaciones sean gilipolleces  pero no son menos importante que las que podría tener un político, por ejemplo. 
-Mira, estás exagerando...pareces mi profesora de filosofía con la regla.
 Relájate un poco ¿Vale?- Le miró fijamente a los ojos.
-Tan solo tengo ganas de verle ¿Eso me convierte en una loca?
-Quizás, pero no es malo. Creo.
Miraron de nuevo a sus zapatos. Siguieron caminando. 
-Laura.
-Dime
-¿Llevará el flequillo para el lado, como de costumbre? 
-No lo sé...quizás. Quien sabe. 
-Hoy le veo, a él...y a su sonrisa. 

Laura suspira. Eva también.