domingo, 13 de enero de 2013



Se sonreían con picardía cuando las miradas se cruzaban, era agradable que los silencios no fuesen incómodos. No sobraba ninguna palabra, pero tampoco hacían falta. Las conversaciones excusas baratas para hablar de nada y así a la vez decir cosas detrás de cada pausa. Ni una risa fue jamás comprometida, ni una sonrisa fue forzada. La delicadeza de cada movimiento, una simple caricia en el pelo, creaban recuerdos y cuchicheos entre amigas, que duraban semanas. Eran desconocidos, que jugaban sin conocerse, que aun sin saber sus nombres, podían crear magia.