Quedarme cinco minutos más en la cama.
desayunar pizza del día anterior,
y darme una ducha caliente, un baño, mejor.
Ir descalza con un calcetín de cada color.
Coger una manta y tenerte a mi lado.
Porquerías, película, y lluvia detrás del cristal.
Dormir la siesta que importa si es una hora, o dos.
Y luego, música a todo volumen,
la vecina pide Behemoth.
Danzar claqué aunque no venga al cuento,
y a las doce tocar el piano
aunque sea madrugada,
no importa el reloj.
Y vivir en una vida querida,
sin ojos que juzguen a través del cristal.
Siendo felices en un mundo de gente normal, disfrazados de locos
que te dejan soñar.
Levantarse a las siete con el llanto de un despertador.
Café y galletas. De nuevo mirar el reloj.
Una ducha fría para despejar.
Abrir un paraguas, coger un abrigo, los guantes
y el bolso tacones de aguja y volver a mirar el reloj.
Mezclarse entre ovejas que fingen ser cabras.
Bocadillo de algo que no es tu viejo chocolate con pan.
Y volver a la cama donde todo vuelve a empezar.
Y vivir en una vida querida,
o al menos eso te hacen creer,
con ojos que juzgan a través del cristal.
Siendo "felices" en un mundo de locos, disfrazados de gente normal.
Siendo felices sin conocer la palabra soñar.